Una empresa pública anunciada hace más de un año para solventar el urgente problema de la vivienda

Artículo 47. En esta segunda época, el programa mantiene su objetivo central: analizar el problema de la vivienda desde el rigor técnico, la experiencia profesional y la discusión honesta sobre los límites reales de la acción pública.
Este episodio es el tercero de esta nueva etapa.

El programa se centra en el examen crítico de dos acuerdos recientes del Consejo de Ministros, con especial atención a su alcance efectivo frente a una crisis de vivienda que los propios participantes califican de agobiante y estructural.

1. La línea de avales a propietarios: una medida defensiva

En la primera parte del debate se analiza la línea de avales públicos destinada a cubrir impagos o daños en viviendas alquiladas a jóvenes menores de 35 años o a familias vulnerables.
Los intervinientes coinciden en que se trata de una medida comprensible desde la lógica del mercado, orientada a reducir el miedo del propietario y a movilizar vivienda hoy retenida. Sin embargo, también se subraya su alcance limitado: no genera nueva oferta estructural ni altera las causas profundas del encarecimiento del alquiler. Es un instrumento útil, pero claramente insuficiente como política central.

2. Casa 47: el eje del debate

El núcleo del episodio se concentra en el análisis de Casa 47, la nueva entidad estatal de vivienda, presentada como el principal instrumento público del Gobierno en esta materia.

Uno de los participantes explica con detalle el salto institucional que supone la transformación de la antigua SEPES en una entidad de Grupo 1 del sector público estatal, equiparable en rango a grandes operadores públicos. Esta elevación de categoría se interpreta como una apuesta por dotar al Estado de capacidad operativa sostenida, más allá de programas coyunturales.

Se detalla el modelo de funcionamiento de Casa 47:
– gestión integral del ciclo residencial,
– apuesta exclusiva por el alquiler asequible,
– renuncia expresa a la venta,
– y, sobre todo, calificación permanente de las viviendas, que nunca pasarán al mercado libre.

Otro de nuestros expertos pone el foco en las condiciones de acceso, consideradas uno de los elementos más relevantes del proyecto: alquileres topados al 30 % de los ingresos familiares y un rango de acceso situado entre 2 y 7,5 veces el IPREM, lo que orienta el instrumento hacia la clase media, dejando a las rentas más bajas en el ámbito de los bonos y ayudas autonómicas. Esta decisión es analizada con ambivalencia: aporta estabilidad al sistema, pero plantea interrogantes sobre la cobertura global del derecho a la vivienda.

3. La herencia problemática: SAREB y suelos públicos

Una parte sustancial del debate se dedica a los activos con los que nace Casa 47. Se subraya que la entidad no parte de cero, pero sí de una herencia compleja: decenas de miles de viviendas y suelos procedentes de la SAREB, muchos de ellos con patologías constructivas, problemas legales u ocupaciones, que requerirán una ingente labor técnica y jurídica antes de poder incorporarse al parque público.

Se mencionan también suelos procedentes de otros ministerios, incluidas antiguas cárceles, lo que abre oportunidades a medio plazo, pero refuerza la idea de que los resultados no serán inmediatos.

4. Conclusión compartida: potencial alto, impacto tardío

La conclusión común del debate es clara y se repite en varias intervenciones: Casa 47 es un instrumento potente y necesario, probablemente el más ambicioso impulsado por el Estado en décadas, pero su impacto será inevitablemente de medio y largo plazo.
Los cálculos que se manejan apuntan a una capacidad de generación de vivienda muy por debajo de la demanda actual, lo que hace imposible que esta herramienta, por sí sola, alivie la crisis inmediata.

El episodio se cierra con una advertencia clave: sin cooperación estrecha con comunidades autónomas y ayuntamientos, titulares de competencias esenciales en suelo y urbanismo, el proyecto corre el riesgo de quedar limitado por cuellos de botella administrativos.

Este tercer episodio de Vivienda para todos no ofrece soluciones milagro. Ofrece algo más exigente: un análisis realista de una política pública ambiciosa, con sus virtudes, sus límites y sus tiempos, en un contexto social que ya no dispone de margen para la espera.